Me ha resultado llamativo que en varias ocasiones y, a pesar de los esfuerzos de los organizadores del Tour de Francia por evitarlo, los agricultores franceses se han hecho ver y oír exigiendo la defensa de su agricultura.
Están en contra de los acuerdos que el Comisario de Comercio de los 27, Peter Mandelson, quiere alcanzar en la Organización Mundial del Comercio (OMC), para la liberalización del comercio agrario. Saben que esto supondría que se redujesen las ayudas al campo en un 70%, que se recortasen los aranceles agropecuarios en un 60% y que se bajasen, así mismo, los aranceles a las importaciones de productos manufacturados de los países en desarrollo.
No parece sensato que este acuerdo comercial, que empezó a fraguarse hace siete años con la Ronda de Doha, se alcance ahora ya que, en la situación de crisis alimentaria mundial en la que nos encontramos, hará a los consumidores occidentales aún más dependientes de las importaciones y condenará a la agricultura europea a desaparecer casi de la noche a la mañana.
Países ricos como Francia, ante la crisis de alimentos que hay en el mundo, se posicionan en contra del referido acuerdo y, su presidente, Nicolás Sarcozy, ha hecho ver muy claro que los franceses no dejarán de cultivar ni una sola hectárea de tierra.
Países pobres como Brasil, cuya superficie cultivada supera a la de toda la Unión Europea, atraídos por los altos precios de los alimentos, se posicionan a favor del referido acuerdo, y su presidente, Lula da Silva, ve una gran oportunidad aumentar su capacidad productiva, y para ello está dispuesto, a pesar de la amenaza medioambiental que supondría, incluso a la deforestación de la selva amazónica.
En Castilla-La Mancha, que somos agricultores y es lo que mejor sabemos hacer, nos debemos posicionar en contra del referido acuerdo y, nuestro presidente, José Mª Barreda, debería potenciar nuestra agricultura y aumentar su capacidad productiva. En cambio, para no oponerse a la equívoca e ineficiente política hidráulica de Zapatero, carente de infraestructuras y llena de falsas promesas, que representa sequía y, consecuentemente, baja capacidad productiva, está favoreciendo el abandono de tierras y está sancionando a nuestros agricultores por regarlas, en lugar de ayudarles con medidas técnicas y sociales eficientes para que no vean mermadas sus cosechas y la rentabilidad de sus explotaciones.
Mal le están asesorando sus acólitos. Deberían enseñarle, si es que lo saben, que en la agricultura está nuestro presente y nuestro futuro. Si no lo saben deberían ir a Francia, no a correr el Tour, que para eso tenemos a Carlos Sastre, sino para que aprendan cómo se debe apoyar y defender la agricultura de una región eminentemente agrícola.
jueves, 31 de julio de 2008
jueves, 24 de julio de 2008
Sine agricultura nihil
Los expertos analistas de la actual situación de crisis coinciden en que, para poder salir del momento de incertidumbre en el que estamos inmersos, es necesario, entre otras cosas, un incremento de la productividad. Agricultura y ganadería constituyen el sector más característico de Castilla-La Mancha y aunque en su discurso de investidura, el presidente regional se refirió a él diciendo que la estructura productiva de Castilla-La Mancha ha cambiado profundamente, se ha modernizado y ya no estamos en una región eminentemente agrícola, yo creo que es un grave error creer que representan el pasado, cuando realmente en ellas está nuestro presente y nuestro futuro.
La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) dice que hoy la agricultura está en el centro de los tres grandes retos a los que se enfrenta el Planeta en los próximos años: el reto alimentario, el reto medioambiental y el reto energético. Es evidente que por tradición y por nuestro buen saber hacer, atendiendo a estos retos, los castellano manchegos tenemos obligación de seguir haciendo Agricultura, e incluso debemos esforzarnos en incrementar su productividad. Sólo así contribuiremos a solucionar la crisis en la que estamos inmersos.
Nuestra agricultura y nuestra ganadería constituyen un sector mucho más romántico y altruista de lo que la mayoría de la sociedad piensa, que contribuye de un modo real al bienestar y a la tranquilidad de los ciudadanos y, en vez de recibir los agradecimientos que merecen, el Gobierno regional más parece querer desmantelarlas que luchar por su supervivencia.
La política que nos ha guiado nos ha llevado a que los precios de los alimentos se hayan disparado, curiosamente sin incidir positivamente en la rentabilidad de las explotaciones agrícolas, pero, a pesar de todo ello, aunque a veces se nos olvida que el campo es una empresa que no tiene ni aire acondicionado, ni cómodos sillones, ni amplias salas de espera, muchos agricultores, movidos más por impulsos sentimentales que por rentabilidad empresarial siguen, contra viento y marea, tratando de mantener su actividad.
No se puede llevar a la agricultura castellano manchega, como está pretendiendo el Gobierno regional, a una situación catatónica y menos ahora, que se ha demostrado que es imprescindible, en primer lugar, para garantizar el suministro de alimentos y, en segundo lugar, para lograr que haya un aumento de las producciones para que bajen los precios que los sufridos consumidores estamos pagando por los productos básicos para nuestra alimentación.
Hacerlo significará romper la punta de lanza que necesitamos para atravesar la dura situación que hemos empezado a vivir y que, todo parece indicar, vamos a padecer más tiempo del que sería deseable.
De gallina se me pone la piel cuando veo lo que el Gobierno regional está pretendiendo hacer en el Alto Guadiana, obligando en unos casos, sin el mas mínimo respeto a la dignidad de los afectados, agricultores y ganaderos y cuantos directa o indirectamente dependen de la agricultura de la zona, a dejar de regar sus cultivos y fomentando, en otros, el abandono de tierras con pérdida de cultivos tan nuestros como el viñedo.
Ha dicho Sarkozy, en su recién inaugurado cargo de Presidente de la Europa de los 27, que en un mundo donde hay 800 millones de gente pobre que no puede alimentarse y donde un niño muere cada 30 segundos de hambre, nunca aceptará una reducción de la producción agraria europea.
Por tanto, parece lógico pensar que, en Castilla-La Mancha, lo que no se debe permitir es que en el Alto Guadiana se deje de regar una sola hectárea, ni que se fomente el abandono de nuestros viñedos. Lo que parece razonable, de acuerdo con los expertos analistas de la actual situación de crisis, es hacer más productivas nuestras tierras de cultivo.
Para que esto ocurra es necesaria una colaboración armoniosa del Gobierno regional con el sector, justo lo contrario de lo que está ocurriendo, aunque, para ello, nuestro presidente debería convencerse de que SIN AGRICULTURA NADA.
La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) dice que hoy la agricultura está en el centro de los tres grandes retos a los que se enfrenta el Planeta en los próximos años: el reto alimentario, el reto medioambiental y el reto energético. Es evidente que por tradición y por nuestro buen saber hacer, atendiendo a estos retos, los castellano manchegos tenemos obligación de seguir haciendo Agricultura, e incluso debemos esforzarnos en incrementar su productividad. Sólo así contribuiremos a solucionar la crisis en la que estamos inmersos.
Nuestra agricultura y nuestra ganadería constituyen un sector mucho más romántico y altruista de lo que la mayoría de la sociedad piensa, que contribuye de un modo real al bienestar y a la tranquilidad de los ciudadanos y, en vez de recibir los agradecimientos que merecen, el Gobierno regional más parece querer desmantelarlas que luchar por su supervivencia.
La política que nos ha guiado nos ha llevado a que los precios de los alimentos se hayan disparado, curiosamente sin incidir positivamente en la rentabilidad de las explotaciones agrícolas, pero, a pesar de todo ello, aunque a veces se nos olvida que el campo es una empresa que no tiene ni aire acondicionado, ni cómodos sillones, ni amplias salas de espera, muchos agricultores, movidos más por impulsos sentimentales que por rentabilidad empresarial siguen, contra viento y marea, tratando de mantener su actividad.
No se puede llevar a la agricultura castellano manchega, como está pretendiendo el Gobierno regional, a una situación catatónica y menos ahora, que se ha demostrado que es imprescindible, en primer lugar, para garantizar el suministro de alimentos y, en segundo lugar, para lograr que haya un aumento de las producciones para que bajen los precios que los sufridos consumidores estamos pagando por los productos básicos para nuestra alimentación.
Hacerlo significará romper la punta de lanza que necesitamos para atravesar la dura situación que hemos empezado a vivir y que, todo parece indicar, vamos a padecer más tiempo del que sería deseable.
De gallina se me pone la piel cuando veo lo que el Gobierno regional está pretendiendo hacer en el Alto Guadiana, obligando en unos casos, sin el mas mínimo respeto a la dignidad de los afectados, agricultores y ganaderos y cuantos directa o indirectamente dependen de la agricultura de la zona, a dejar de regar sus cultivos y fomentando, en otros, el abandono de tierras con pérdida de cultivos tan nuestros como el viñedo.
Ha dicho Sarkozy, en su recién inaugurado cargo de Presidente de la Europa de los 27, que en un mundo donde hay 800 millones de gente pobre que no puede alimentarse y donde un niño muere cada 30 segundos de hambre, nunca aceptará una reducción de la producción agraria europea.
Por tanto, parece lógico pensar que, en Castilla-La Mancha, lo que no se debe permitir es que en el Alto Guadiana se deje de regar una sola hectárea, ni que se fomente el abandono de nuestros viñedos. Lo que parece razonable, de acuerdo con los expertos analistas de la actual situación de crisis, es hacer más productivas nuestras tierras de cultivo.
Para que esto ocurra es necesaria una colaboración armoniosa del Gobierno regional con el sector, justo lo contrario de lo que está ocurriendo, aunque, para ello, nuestro presidente debería convencerse de que SIN AGRICULTURA NADA.
sábado, 12 de abril de 2008
La guerra del agua y del vino
Uno de los momentos más impactantes de la historia de la radio se vivió cuando, en 1938, el joven Orson Welles hizo la representación radiofónica de una adaptación de la obra de H.G. Wells, La guerra de los mundos. Aún hoy hay quien se plantea qué objetivo tenía esa representación, y si el propio Welles era consciente de las consecuencias que aquella retransmisión de ciencia ficción tuvo. Como se sabe, el realismo fue de tal calibre, que la emisión causó auténtico pánico en Nueva Jersey, ciudad donde, según la obra, estaba teniendo lugar la invasión de la Tierra por extraterrestres.
El principal motivo de la repercusión que tuvo aquel serial radiofónico, según los estudiosos del fenómeno, fue la situación internacional de inestabilidad que se vivía en la época.
Aprovechando las situaciones de incertidumbre, son muchos los gobiernos y numerosos los creadores de opinión que lanzan una información que, ingeniosamente elaborada y sutilmente administrada, busca causar efectos en la población para provocar cambios de rumbo e incluso cambios de pensamiento.
En Castilla-La Mancha, de un tiempo a esta parte, nos desayunamos con mensajes del Gobierno regional, nada subliminales, por cierto, si no todo lo contrario, puestos directamente en nuestras consciencias, con el descaro que da pagar con dinero ajeno, para convencernos de las bondades de la nueva OCM del Vino y del Plan Especial del Alto Guadiana.
Siempre me ha parecido síntoma de la más patológica presunción vanagloriarse del trabajo que uno debe realizar y que, además, lleva implícito en su sueldo, pero más patológico me resulta que, en pleno siglo XXI, se usen técnicas propagandísticas más propias de regímenes totalitarios que de sociedades modernas.
El hecho de que estos anuncios empezasen a emitirse en plena campaña electoral, y que el Gobierno regional tuviese que retirarlos temporalmente, porque su actitud no obedecía a conductas democráticas, no voy a analizarlo ahora mismo. Como tampoco me detendré, por ahora, en analizar el coste que nos supone a los castellanomanchegos la financiación pública de esa propaganda. Pero sí quisiera comentar algunos aspectos que me parecen aún más graves que los dos anteriores.
Decir que la nueva OCM del Vino ha sido un éxito es preocupante, ya que, entre otras cosas, los países del norte, según las negociaciones en las que el Gobierno regional tanto dice que ha intervenido, van a mantener la chaptalización, mientras que a los del sur nos desaparecerán las destilaciones dentro de cuatro años. En un mercado como el español, con producciones superiores a los 40 millones de hectolitros, de los que 10 millones se destilan, al no hacerlo entrarán en el mercado, lo que provocará graves distorsiones con precios a la baja y alteración de las calidades.
Algún acólito del Gobierno regional para hacer méritos, no porque piense otra cosa, pues no llega a ese nivel de autonomía emocional, me tachará de alarmista, pero es difícil ser optimista con el resultado de la reforma de la OCM del Vino cuando los fondos que van a llegar a España son menores que los que llegaban hasta ahora y esto, con toda probabilidad, desatará entre las regiones una guerra para repartirse el presupuesto de esta OCM, semejante a la que tenemos por el agua.
Tampoco es para tirar cohetes la situación del Plan Especial del Alto Guadiana, ya que, para colmo de males, el presupuesto que el Gobierno había previsto para su desarrollo acaba de verse reducido en 245 millones de euros por la mala gestión de la Consejería de Agricultura, a la que la Dirección General de Agricultura y Desarrollo Rural de la Comisión Europea ha denegado las ayudas (por no cumplir los requisitos mínimos exigidos) a la medida que presentaban como estrella para ahorrar agua: el fomento de los cultivos extensivos de secano.
Setenta años después de que Orson Welles anunciase la Guerra de los Mundos y aprovechase la situación de inestabilidad que se vivía en la época para crear pánico, el Gobierno regional hace lo mismo y aprovecha la incertidumbre que vive el sector del vino y la problemática que sufre nuestro país en materia hidráulica, para lanzar mensajes que confundan a la opinión pública. Cuando oigo esas consignas por la radio, me asomo a la ventana para ver si la gente corre por las calles para ponerse a salvo.
El principal motivo de la repercusión que tuvo aquel serial radiofónico, según los estudiosos del fenómeno, fue la situación internacional de inestabilidad que se vivía en la época.
Aprovechando las situaciones de incertidumbre, son muchos los gobiernos y numerosos los creadores de opinión que lanzan una información que, ingeniosamente elaborada y sutilmente administrada, busca causar efectos en la población para provocar cambios de rumbo e incluso cambios de pensamiento.
En Castilla-La Mancha, de un tiempo a esta parte, nos desayunamos con mensajes del Gobierno regional, nada subliminales, por cierto, si no todo lo contrario, puestos directamente en nuestras consciencias, con el descaro que da pagar con dinero ajeno, para convencernos de las bondades de la nueva OCM del Vino y del Plan Especial del Alto Guadiana.
Siempre me ha parecido síntoma de la más patológica presunción vanagloriarse del trabajo que uno debe realizar y que, además, lleva implícito en su sueldo, pero más patológico me resulta que, en pleno siglo XXI, se usen técnicas propagandísticas más propias de regímenes totalitarios que de sociedades modernas.
El hecho de que estos anuncios empezasen a emitirse en plena campaña electoral, y que el Gobierno regional tuviese que retirarlos temporalmente, porque su actitud no obedecía a conductas democráticas, no voy a analizarlo ahora mismo. Como tampoco me detendré, por ahora, en analizar el coste que nos supone a los castellanomanchegos la financiación pública de esa propaganda. Pero sí quisiera comentar algunos aspectos que me parecen aún más graves que los dos anteriores.
Decir que la nueva OCM del Vino ha sido un éxito es preocupante, ya que, entre otras cosas, los países del norte, según las negociaciones en las que el Gobierno regional tanto dice que ha intervenido, van a mantener la chaptalización, mientras que a los del sur nos desaparecerán las destilaciones dentro de cuatro años. En un mercado como el español, con producciones superiores a los 40 millones de hectolitros, de los que 10 millones se destilan, al no hacerlo entrarán en el mercado, lo que provocará graves distorsiones con precios a la baja y alteración de las calidades.
Algún acólito del Gobierno regional para hacer méritos, no porque piense otra cosa, pues no llega a ese nivel de autonomía emocional, me tachará de alarmista, pero es difícil ser optimista con el resultado de la reforma de la OCM del Vino cuando los fondos que van a llegar a España son menores que los que llegaban hasta ahora y esto, con toda probabilidad, desatará entre las regiones una guerra para repartirse el presupuesto de esta OCM, semejante a la que tenemos por el agua.
Tampoco es para tirar cohetes la situación del Plan Especial del Alto Guadiana, ya que, para colmo de males, el presupuesto que el Gobierno había previsto para su desarrollo acaba de verse reducido en 245 millones de euros por la mala gestión de la Consejería de Agricultura, a la que la Dirección General de Agricultura y Desarrollo Rural de la Comisión Europea ha denegado las ayudas (por no cumplir los requisitos mínimos exigidos) a la medida que presentaban como estrella para ahorrar agua: el fomento de los cultivos extensivos de secano.
Setenta años después de que Orson Welles anunciase la Guerra de los Mundos y aprovechase la situación de inestabilidad que se vivía en la época para crear pánico, el Gobierno regional hace lo mismo y aprovecha la incertidumbre que vive el sector del vino y la problemática que sufre nuestro país en materia hidráulica, para lanzar mensajes que confundan a la opinión pública. Cuando oigo esas consignas por la radio, me asomo a la ventana para ver si la gente corre por las calles para ponerse a salvo.
lunes, 24 de marzo de 2008
En abril, aguas mil
Sería pretencioso que yo viniera ahora a dar doctrina nueva sobre un asunto que está más claro que el agua, y nunca mejor dicho, porque me refiero al agua y a la necesidad de sus trasvases, debido, fundamentalmente a la pertinaz sequía que nos viene azotando.
Pero, más grave que la pertinaz sequía es la pertinaz sordera psíquica, que no fisiológica, de Zapatero. La sordera psíquica de nuestro presidente es gravísima y es la peor desgracia que le puede ocurrir a un gobernante y de rechazo a los gobernados que tenemos que soportarlo. Esta gravísima enfermedad le ha hecho perder el sentido de la responsabilidad, enrocarse en sus fantasías, convertir sus decisiones en repugnantes gestos de prepotencia y considerar la democracia como la disputa por un puñado de votos y no un estilo de conducta.
Quiero con esto decir que tengo clara la conciencia de que mi voz es una más entre las miles de voces que están clamando al cielo contra el desgobierno que supone la pésima política hidrológica del PSOE, o, mejor dicho, de Zapatero, su máximo dirigente, porque no puedo creer que todos los socialistas estén de acuerdo con su presidente.
Lo que se está repitiendo hasta la saciedad, y lo que voy a repetir, es que la iniciativa del trasvase (desvío, conducción o aportación hídrica por excedente, llámese como se quiera) de agua del Ebro a Barcelona, es una grave ofensa a todos los ciudadanos que no vamos a disfrutar de las simples “geniales ocurrencias” de Zapatero, y lo peor es que no se trata, como en otros gestos a los que nos tiene acostumbrados, de simples “geniales ocurrencias”. La cosa huele mucho peor. Se trata nada menos que de un ignominioso pago de factura por los favores electorales que Zapatero ha recibido de sus compadres catalanes. La cosa es para llorar.
Los ciudadanos castellanomanchegos debemos saber lo que realmente está ocurriendo con el agua de España, y nuestro presidente regional, José Mª Barreda, tan populista como su predecesor, pero con menos labia, que se envalentona cuando no hay peligro y se calla sumisamente cuando llega la hora de la verdad, tenía que dejar sus proclamas numantinas y no permitir que con la resonancia mediática del trasvase del agua del Ebro a Barcelona se distraiga la atención hacia el problema que permanentemente nos afecta, que no es otra cosa que, cada vez que sus compadres de Madrid lo consideran oportuno, el agua de nuestros pantanos se va para Murcia.
Barreda, que se calla para no desairar a sus compadres del Gobierno central, permite las sangrías que van dejando secos a Entrepeñas y Buendía, consiente que nuestras aguas se vayan a fecundar otras tierras, mientras que a los agricultores de la región les cierra sus pozos, queriendo taparles la boca con un puñado de euros. Dice que el trasvase para Barcelona es agua para beber, y yo me pregunto: ¿por qué apela a una solidaridad que no tiene el coraje de exigir cuando somos nosotros los que la necesitamos?
A ver cuando se entera de que la situación de España no se arregla ni con un trasvase ni con un trasvasillo, sino poniendo en marcha un plan hidrológico de envergadura que permita que el agua vaya de donde sobra a donde falta. Un plan hidrológico como el que proyectó el Partido Popular y que Zapatero arbitrariamente desmontó.
Lo grave es que mientras aquel estaba financiado por la U.E. e incluía el trasvase a Barcelona, las obras e instalaciones necesarias ahora las vamos a tener que pagar los españoles.
De humillación para la democracia es pagar la factura de unos pocos votos con unos hm3 de agua, pero me temo que, viendo lo que estamos viendo, y viviendo lo que estamos viviendo, esto no es más que el principio de la cadena de desgobiernos que se nos viene encima. ¡Que cuatro años de pertinaz sordera se nos vienen encima!
Pero, más grave que la pertinaz sequía es la pertinaz sordera psíquica, que no fisiológica, de Zapatero. La sordera psíquica de nuestro presidente es gravísima y es la peor desgracia que le puede ocurrir a un gobernante y de rechazo a los gobernados que tenemos que soportarlo. Esta gravísima enfermedad le ha hecho perder el sentido de la responsabilidad, enrocarse en sus fantasías, convertir sus decisiones en repugnantes gestos de prepotencia y considerar la democracia como la disputa por un puñado de votos y no un estilo de conducta.
Quiero con esto decir que tengo clara la conciencia de que mi voz es una más entre las miles de voces que están clamando al cielo contra el desgobierno que supone la pésima política hidrológica del PSOE, o, mejor dicho, de Zapatero, su máximo dirigente, porque no puedo creer que todos los socialistas estén de acuerdo con su presidente.
Lo que se está repitiendo hasta la saciedad, y lo que voy a repetir, es que la iniciativa del trasvase (desvío, conducción o aportación hídrica por excedente, llámese como se quiera) de agua del Ebro a Barcelona, es una grave ofensa a todos los ciudadanos que no vamos a disfrutar de las simples “geniales ocurrencias” de Zapatero, y lo peor es que no se trata, como en otros gestos a los que nos tiene acostumbrados, de simples “geniales ocurrencias”. La cosa huele mucho peor. Se trata nada menos que de un ignominioso pago de factura por los favores electorales que Zapatero ha recibido de sus compadres catalanes. La cosa es para llorar.
Los ciudadanos castellanomanchegos debemos saber lo que realmente está ocurriendo con el agua de España, y nuestro presidente regional, José Mª Barreda, tan populista como su predecesor, pero con menos labia, que se envalentona cuando no hay peligro y se calla sumisamente cuando llega la hora de la verdad, tenía que dejar sus proclamas numantinas y no permitir que con la resonancia mediática del trasvase del agua del Ebro a Barcelona se distraiga la atención hacia el problema que permanentemente nos afecta, que no es otra cosa que, cada vez que sus compadres de Madrid lo consideran oportuno, el agua de nuestros pantanos se va para Murcia.
Barreda, que se calla para no desairar a sus compadres del Gobierno central, permite las sangrías que van dejando secos a Entrepeñas y Buendía, consiente que nuestras aguas se vayan a fecundar otras tierras, mientras que a los agricultores de la región les cierra sus pozos, queriendo taparles la boca con un puñado de euros. Dice que el trasvase para Barcelona es agua para beber, y yo me pregunto: ¿por qué apela a una solidaridad que no tiene el coraje de exigir cuando somos nosotros los que la necesitamos?
A ver cuando se entera de que la situación de España no se arregla ni con un trasvase ni con un trasvasillo, sino poniendo en marcha un plan hidrológico de envergadura que permita que el agua vaya de donde sobra a donde falta. Un plan hidrológico como el que proyectó el Partido Popular y que Zapatero arbitrariamente desmontó.
Lo grave es que mientras aquel estaba financiado por la U.E. e incluía el trasvase a Barcelona, las obras e instalaciones necesarias ahora las vamos a tener que pagar los españoles.
De humillación para la democracia es pagar la factura de unos pocos votos con unos hm3 de agua, pero me temo que, viendo lo que estamos viendo, y viviendo lo que estamos viviendo, esto no es más que el principio de la cadena de desgobiernos que se nos viene encima. ¡Que cuatro años de pertinaz sordera se nos vienen encima!
viernes, 15 de febrero de 2008
El carnaval del PSOE
Acabamos de pasar los carnavales. El carnaval es un juego festivo en el que la gente se libera y su personalidad se convierte en máscara. No deja de tener gracia el hecho de que en su origen griego “persona” significa literalmente “máscara”, quizá porque en la vida cotidiana disimulemos nuestra auténtica personalidad.
Hay quien dice que el carnaval es no sólo saludable sino necesario para el equilibrio psíquico, pero que se convierte en un problema patológico cuando pasa a ser una práctica habitual. Esta es una de las patologías del PSOE: que está en un continuo carnaval y no se quita la careta ni para dormir. Su histrionismo carnavalesco hay que reconocer que le ha venido dando buenos resultados, a pesar de que lo que hace tras la máscara es engañar al personal dando como verdades las mentiras más burdas.
Nos cabe al Partido Popular la desagradable tarea de ir desenmascarando tanto engaño. Por limitarme ahora a algunas de las múltiples cuestiones en las que el PSOE viene actuando sistemáticamente con la cara tapada, es decir, con careta, para engañar día tras día al electorado castellanomanchego (para las comparsas socialistas el pueblo castellanomanchego es un mero electorado al que encandilar), me atrevo a plantear una serie de preguntas que, como puede comprenderse, para el buen entendedor, llevan implícitas las respuestas.
Dirán, como es costumbre, que crispamos la situación cuando, en realidad, lo único que hacemos es desenmascarar, a veces heroicamente, las verdades que sistemáticamente oculta o desfigura el PSOE. ¿Es eso crispar?
Vayamos a los hechos, es decir, a las preguntas.
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir hoy me subo el sueldo un 75 % y luego, cuando se ve acorralado por la opinión pública, decir que, como no le hace falta el dinero, se lo va a donar a una organización benéfica?
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir que el trasvase del Tajo alto finalizará el año 2015 cuando se está proyectando hacer otro desde el Tajo medio al Levante?
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir que reduciendo a la mitad la superficie cultivada en regadío en el Alto Guadiana no se va a provocar ninguna crisis económica en la zona?
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir que la economía de Castilla-La Mancha va viento en popa, cuando todos sabemos los apuros que están pasando muchas familias para llegar a fin de mes?
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir que la pérdida de empleo es coyuntural y que no hay que tomar medidas para afrontar el futuro, cuando durante el mes de enero tenemos 6.200 nuevas personas desempleadas en Castilla-La Mancha?
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir que la reforma del Reglamento Electoral tiene que ser aprobado por los dos terceras partes de la Cámara y, viendo que no le conviene, agiliza los trámites para aprobarlo por mayoría simple?
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir que el Defensor del Pueblo puede ser un socialista, alcalde de Cuenca durante tres legislaturas, cuando la Ley obliga a que sólo puede desempeñar un cargo de tanta responsabilidad una persona con independencia política?
¿Están o no están en perpetuo carnaval?
Está claro, más claro que el agua, que si el PSOE se hubiera presentado a un concurso de comparsas, se habría llevado, sin lugar a dudas, el primer premio. Son auténticos artistas.
Hay quien dice que el carnaval es no sólo saludable sino necesario para el equilibrio psíquico, pero que se convierte en un problema patológico cuando pasa a ser una práctica habitual. Esta es una de las patologías del PSOE: que está en un continuo carnaval y no se quita la careta ni para dormir. Su histrionismo carnavalesco hay que reconocer que le ha venido dando buenos resultados, a pesar de que lo que hace tras la máscara es engañar al personal dando como verdades las mentiras más burdas.
Nos cabe al Partido Popular la desagradable tarea de ir desenmascarando tanto engaño. Por limitarme ahora a algunas de las múltiples cuestiones en las que el PSOE viene actuando sistemáticamente con la cara tapada, es decir, con careta, para engañar día tras día al electorado castellanomanchego (para las comparsas socialistas el pueblo castellanomanchego es un mero electorado al que encandilar), me atrevo a plantear una serie de preguntas que, como puede comprenderse, para el buen entendedor, llevan implícitas las respuestas.
Dirán, como es costumbre, que crispamos la situación cuando, en realidad, lo único que hacemos es desenmascarar, a veces heroicamente, las verdades que sistemáticamente oculta o desfigura el PSOE. ¿Es eso crispar?
Vayamos a los hechos, es decir, a las preguntas.
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir hoy me subo el sueldo un 75 % y luego, cuando se ve acorralado por la opinión pública, decir que, como no le hace falta el dinero, se lo va a donar a una organización benéfica?
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir que el trasvase del Tajo alto finalizará el año 2015 cuando se está proyectando hacer otro desde el Tajo medio al Levante?
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir que reduciendo a la mitad la superficie cultivada en regadío en el Alto Guadiana no se va a provocar ninguna crisis económica en la zona?
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir que la economía de Castilla-La Mancha va viento en popa, cuando todos sabemos los apuros que están pasando muchas familias para llegar a fin de mes?
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir que la pérdida de empleo es coyuntural y que no hay que tomar medidas para afrontar el futuro, cuando durante el mes de enero tenemos 6.200 nuevas personas desempleadas en Castilla-La Mancha?
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir que la reforma del Reglamento Electoral tiene que ser aprobado por los dos terceras partes de la Cámara y, viendo que no le conviene, agiliza los trámites para aprobarlo por mayoría simple?
¿Quién, que no crea estar escondido tras una careta, puede decir que el Defensor del Pueblo puede ser un socialista, alcalde de Cuenca durante tres legislaturas, cuando la Ley obliga a que sólo puede desempeñar un cargo de tanta responsabilidad una persona con independencia política?
¿Están o no están en perpetuo carnaval?
Está claro, más claro que el agua, que si el PSOE se hubiera presentado a un concurso de comparsas, se habría llevado, sin lugar a dudas, el primer premio. Son auténticos artistas.
martes, 12 de febrero de 2008
Lo que nos faltaba
Despedimos el 2007 con la aprobación de la OCM de la vid y el vino y lo que nos faltaba era empezar el año con la aprobación del Plan Especial del Alto Guadiana (PEAG).
El signo más claro de que la negociación de la OCM no ha salido bien es ver cómo brindaban nuestros negociadores.
El signo evidente de lo desfavorable que va a ser el PEAG es ver lo eufórico que está Barreda.
Lo de la OCM debe haber sido a consecuencia de que la ministra Espinosa no ha salido de su despacho para ver la realidad del viñedo y, sin conocer nuestra viticultura, es muy difícil defender los intereses españoles.
Lo del PEAG debe haber sido la moneda con la que Barreda apoya a Zapatero para que mantenga contentos a sus socios separatistas.
Nadie puede entender que Barreda aplauda ni la OCM ni el PEAG. Con la OCM lo que se ha conseguido es una mala prórroga de lo que había, ya que la problemática del sector no se soluciona y no es nada halagüeño lo que puede a pasar en poco tiempo con el viñedo más extenso del mundo. Con el PEAG lo que se pretende es dejar de regar más de la mitad de la superficie de regadío del Alto Guadiana y volver a la agricultura que se practicaba hace más de 50 años.
Es evidente que Barreda, de viña y vino, sabe poco, porque si supiera, no habría permitido llegar a ese acuerdo, o al menos, hubiese peleado de otra manera, si es que ha peleado. También es evidente que Barreda tampoco sabe la importancia que tiene el agua en la agricultura del Alto Guadiana. Si lo supiese jamás habría permitido que se aprobase el PEAG.
Aceptar que Barreda celebre la nueva OCM y el PEAG es peliagudo, como difícil es entender que Barreda y sus altos cargos, con los vientos que soplan en nuestra economía, se hayan subido el sueldo de forma tan chapucera.
Que Barreda haya incrementado su salario en más de cincuenta mil euros anuales es una grosería, pero que apoye la OCM y el PEAG es una insensatez.
Para conocer la realidad, debería Barreda salir al campo y conectar con nuestros agricultores. Se daría cuenta de que los viticultores ven su futuro con incertidumbre y aprendería que, en el Alto Guadiana, no se puede dejar de regar más de la mitad de la superficie que se está regando, porque la actividad agraria es el motor económico de la zona y la agricultura de secano tiene graves problemas de rentabilidad.
Quiere negar la evidencia y hacernos creer que los agricultores aceptan sin fisuras la OCM y el PEAG. Entre los viajes que debería hacer convendría que pasase por Socuéllamos. Allí los agricultores llevan encerrados más de dos meses, porque el PEAG ni resuelve la enorme problemática de las extracciones irregulares, ni permite el intercambio de derechos entre particulares, ni contempla el aporte externo de agua para la recarga de los acuíferos y para usos medioambientales, mientras que potencia la agricultura de secano y pretende que los derechos de riego (vigentes hasta 2035) se conviertan en concesiones administrativas, aumentando así su intervencionismo.
Con sus panfletos de propaganda dirá Barreda, como ya es costumbre, que lamenta la alarma y los temores del PP. Está claro que su política agrícola hace aguas y tiene que usar esos pasquines para tapar las grietas. Ojalá que las aguas que hace su política sirvieran para regar. El problema estaría resuelto.
El signo más claro de que la negociación de la OCM no ha salido bien es ver cómo brindaban nuestros negociadores.
El signo evidente de lo desfavorable que va a ser el PEAG es ver lo eufórico que está Barreda.
Lo de la OCM debe haber sido a consecuencia de que la ministra Espinosa no ha salido de su despacho para ver la realidad del viñedo y, sin conocer nuestra viticultura, es muy difícil defender los intereses españoles.
Lo del PEAG debe haber sido la moneda con la que Barreda apoya a Zapatero para que mantenga contentos a sus socios separatistas.
Nadie puede entender que Barreda aplauda ni la OCM ni el PEAG. Con la OCM lo que se ha conseguido es una mala prórroga de lo que había, ya que la problemática del sector no se soluciona y no es nada halagüeño lo que puede a pasar en poco tiempo con el viñedo más extenso del mundo. Con el PEAG lo que se pretende es dejar de regar más de la mitad de la superficie de regadío del Alto Guadiana y volver a la agricultura que se practicaba hace más de 50 años.
Es evidente que Barreda, de viña y vino, sabe poco, porque si supiera, no habría permitido llegar a ese acuerdo, o al menos, hubiese peleado de otra manera, si es que ha peleado. También es evidente que Barreda tampoco sabe la importancia que tiene el agua en la agricultura del Alto Guadiana. Si lo supiese jamás habría permitido que se aprobase el PEAG.
Aceptar que Barreda celebre la nueva OCM y el PEAG es peliagudo, como difícil es entender que Barreda y sus altos cargos, con los vientos que soplan en nuestra economía, se hayan subido el sueldo de forma tan chapucera.
Que Barreda haya incrementado su salario en más de cincuenta mil euros anuales es una grosería, pero que apoye la OCM y el PEAG es una insensatez.
Para conocer la realidad, debería Barreda salir al campo y conectar con nuestros agricultores. Se daría cuenta de que los viticultores ven su futuro con incertidumbre y aprendería que, en el Alto Guadiana, no se puede dejar de regar más de la mitad de la superficie que se está regando, porque la actividad agraria es el motor económico de la zona y la agricultura de secano tiene graves problemas de rentabilidad.
Quiere negar la evidencia y hacernos creer que los agricultores aceptan sin fisuras la OCM y el PEAG. Entre los viajes que debería hacer convendría que pasase por Socuéllamos. Allí los agricultores llevan encerrados más de dos meses, porque el PEAG ni resuelve la enorme problemática de las extracciones irregulares, ni permite el intercambio de derechos entre particulares, ni contempla el aporte externo de agua para la recarga de los acuíferos y para usos medioambientales, mientras que potencia la agricultura de secano y pretende que los derechos de riego (vigentes hasta 2035) se conviertan en concesiones administrativas, aumentando así su intervencionismo.
Con sus panfletos de propaganda dirá Barreda, como ya es costumbre, que lamenta la alarma y los temores del PP. Está claro que su política agrícola hace aguas y tiene que usar esos pasquines para tapar las grietas. Ojalá que las aguas que hace su política sirvieran para regar. El problema estaría resuelto.
viernes, 8 de febrero de 2008
La oposición de la oposición
En el tiempo que llevo en las Cortes Regionales tratando a los diputados del PSOE ya tendría que haberme dado cuenta de su estrategia. Es la estrategia de no callarse ni debajo del agua, aunque se les eche encima, una y otra vez, el diluvio universal. Es la estrategia de negar, si es con mentiras mejor, cualquier evidencia y, es la estrategia de hacer responsable de su desgobierno al PP, venga o no venga a cuento.
Me sorprende en el PSOE la capacidad de aglutinar a su gente con una fidelidad a prueba de bombas, aunque no sé si lo hacen por uniformidad de conciencias, por servilismo o porque sigue perviviendo aquella amenaza de exclusión del disidente, que quedó perfectamente reflejada en la famosa frase: “el que se mueva no sale en la foto”.
De una u otra manera sus actuaciones dejan al descubierto su decisión de no permitirnos ni hablar sin que, por principio, se nos contradiga tantas veces cuantas abramos la boca. Así hasta el aburrimiento.
Pues bien, yo les digo que no van a conseguir aburrirnos y que, por más que manipulen, seguiremos exponiendo una y otra vez nuestra postura con la misma terquedad con que ellos intentan ahogar nuestra voz.
Una prueba de esto que vengo diciendo es nuestra postura ante la política hidráulica. Ellos saben muy bien que todo se hubiera arreglado de haberse puesto en marcha el Plan Hidrológico Nacional, pero que, como fue idea nuestra, se negaron a aplicarlo tan pronto como controlaron el poder central. A partir de ahí, todo ha sido un disparate y, en vez de reconocer su torpeza, se empeñan, una y otra vez, en hacernos compartir responsabilidad en soluciones descabelladas, cuando disponen de total capacidad de decisión tanto en Toledo como en Madrid, sin que necesiten para nada nuestro apoyo que, quiero que quede muy claro, sólo lo necesitan para no quedar en ridículo ante los castellano manchegos.
Nosotros podríamos quitarnos de encima el mochuelo con un despectivo “¡allá ellos!”, y si no lo hacemos es por sentido de responsabilidad y, con la misma tenacidad que ellos, seguiremos levantando nuestra voz y denunciando su desgobierno, aunque no sea más que por respeto a los que con sus votos nos han puesto en la oposición. Ni que decir tiene que esta situación durará poco porque los castellano-manchegos se están dando cuenta en qué manos tan torpes están sus intereses. Lo cual, cada día que pasa es más evidente.
Lo voy a decir una vez más. El PSOE no necesita para nada nuestro apoyo, ni aquí ni en Madrid. Lo demás es practicar su típica política engañosa tratando de hacernos responsables de un asunto del que los únicos responsables son ellos. ¡Qué manía tienen en sacar a relucir a Mª Dolores Cospedal, a tiempo y a destiempo, cuando a quien tienen que dirigirse es al Sr. Barreda y al Sr. Zapatero!
Que no mareen más la perdiz. Que deje ya el Sr. Barreda de mandarnos a sus voceros para que, pisándonos los talones, vayan tras de nosotros, obligándoles un día y otro a negar nuestras intervenciones y obligándoles a convertirse en oposición de la oposición.
Parece que con nuestras intervenciones somos nosotros los que les hacemos su agenda de actuaciones. ¿No dicen ustedes que tienen el poder? Pues que lo ejerzan con hechos y no intentando asfixiar nuestra voz con una obcecación fruto de su ignorancia y de sus mentiras, que les lleva a un marcaje cansino que –se lo repito y se lo repetiré cuantas veces hagan falta-, ni nos amedrenta ni nos va a quitar de en medio.
Denle todas las vueltas que quieran al Estatuto, cuya aprobación no han podido gestionar peor, pero les insisto que con quien tienen que ponerse de acuerdo no es con nosotros, sino con sus colegas de la calle Ferraz, y no nos metan ustedes en medio de sus refriegas y disensiones internas. El pueblo castellano manchego sabe que al Sr. Barreda en Ferraz le respetan tanto como nada.
Señores del Gobierno regional: ejerzan el poder con responsabilidad, y no nos pidan un apoyo que no podemos darles sin traicionar los intereses de Castilla-La Mancha.
En el Partido Popular ni tratamos de incordiar, ni de enredar, ni de crispar. Lo que nos ocurre es que nos repugna la estrategia del PSOE.
Me sorprende en el PSOE la capacidad de aglutinar a su gente con una fidelidad a prueba de bombas, aunque no sé si lo hacen por uniformidad de conciencias, por servilismo o porque sigue perviviendo aquella amenaza de exclusión del disidente, que quedó perfectamente reflejada en la famosa frase: “el que se mueva no sale en la foto”.
De una u otra manera sus actuaciones dejan al descubierto su decisión de no permitirnos ni hablar sin que, por principio, se nos contradiga tantas veces cuantas abramos la boca. Así hasta el aburrimiento.
Pues bien, yo les digo que no van a conseguir aburrirnos y que, por más que manipulen, seguiremos exponiendo una y otra vez nuestra postura con la misma terquedad con que ellos intentan ahogar nuestra voz.
Una prueba de esto que vengo diciendo es nuestra postura ante la política hidráulica. Ellos saben muy bien que todo se hubiera arreglado de haberse puesto en marcha el Plan Hidrológico Nacional, pero que, como fue idea nuestra, se negaron a aplicarlo tan pronto como controlaron el poder central. A partir de ahí, todo ha sido un disparate y, en vez de reconocer su torpeza, se empeñan, una y otra vez, en hacernos compartir responsabilidad en soluciones descabelladas, cuando disponen de total capacidad de decisión tanto en Toledo como en Madrid, sin que necesiten para nada nuestro apoyo que, quiero que quede muy claro, sólo lo necesitan para no quedar en ridículo ante los castellano manchegos.
Nosotros podríamos quitarnos de encima el mochuelo con un despectivo “¡allá ellos!”, y si no lo hacemos es por sentido de responsabilidad y, con la misma tenacidad que ellos, seguiremos levantando nuestra voz y denunciando su desgobierno, aunque no sea más que por respeto a los que con sus votos nos han puesto en la oposición. Ni que decir tiene que esta situación durará poco porque los castellano-manchegos se están dando cuenta en qué manos tan torpes están sus intereses. Lo cual, cada día que pasa es más evidente.
Lo voy a decir una vez más. El PSOE no necesita para nada nuestro apoyo, ni aquí ni en Madrid. Lo demás es practicar su típica política engañosa tratando de hacernos responsables de un asunto del que los únicos responsables son ellos. ¡Qué manía tienen en sacar a relucir a Mª Dolores Cospedal, a tiempo y a destiempo, cuando a quien tienen que dirigirse es al Sr. Barreda y al Sr. Zapatero!
Que no mareen más la perdiz. Que deje ya el Sr. Barreda de mandarnos a sus voceros para que, pisándonos los talones, vayan tras de nosotros, obligándoles un día y otro a negar nuestras intervenciones y obligándoles a convertirse en oposición de la oposición.
Parece que con nuestras intervenciones somos nosotros los que les hacemos su agenda de actuaciones. ¿No dicen ustedes que tienen el poder? Pues que lo ejerzan con hechos y no intentando asfixiar nuestra voz con una obcecación fruto de su ignorancia y de sus mentiras, que les lleva a un marcaje cansino que –se lo repito y se lo repetiré cuantas veces hagan falta-, ni nos amedrenta ni nos va a quitar de en medio.
Denle todas las vueltas que quieran al Estatuto, cuya aprobación no han podido gestionar peor, pero les insisto que con quien tienen que ponerse de acuerdo no es con nosotros, sino con sus colegas de la calle Ferraz, y no nos metan ustedes en medio de sus refriegas y disensiones internas. El pueblo castellano manchego sabe que al Sr. Barreda en Ferraz le respetan tanto como nada.
Señores del Gobierno regional: ejerzan el poder con responsabilidad, y no nos pidan un apoyo que no podemos darles sin traicionar los intereses de Castilla-La Mancha.
En el Partido Popular ni tratamos de incordiar, ni de enredar, ni de crispar. Lo que nos ocurre es que nos repugna la estrategia del PSOE.
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